HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DESCONOCIDAS DE LA HUÍA, por Andrés Rebolledo

Andrés Rebolledo, Eduardo Navarro y Juan M León Moriche.

XXXI Jornadas de Historia y Arqueología de Jimena de la Frontera

Iglesia de la Misericordia
20 marzo 2926

Fuera del programa Andrés Rebolledo Barreno en nombre del Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar y de la Casa de la Memoria La Sauceda de Jimena, dentro del contexto de la conferencia “Mujeres en el Campo de Gibraltar. Víctimas de la represión y resistentes al franquismo” y la presentación del cortometraje "“Las Matuteras. Ciudadanas del Mundo”, quiso rendir un pequeño homenaje a la familia León Díaz, entre ellos a Alberto "Liberto" recientemente fallecido en Jimena, y a todas las víctimas desconocidas de la huía.

Rebolledo también presentó el nuevo Patio de las Matuteras y Recoveras de la Casa de la Memoria La Sauceda, y la publicación del Nº 1 de Los cómics de la Casa de la Memoria "La Niña Pasionaria", que fue repartido de modo gratuito entre los asistentes.

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HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DESCONOCIDAS DE LA HUÍA

Hoy sin duda es un buen día para acordarnos de Isabel León Díaz, de sus padres Sebastián y Milagros, de sus hermanos Pedro, Fermín, y en especial de Alberto, recientemente fallecido. Cinco nombres, cinco vidas de una familia jimenata, que al igual que tantas otras, son el testimonio y la memoria de una lucha incansable por la dignidad y la supervivencia en los tiempos más oscuros de nuestra historia.

A finales de septiembre de 1936, ante la inminente ocupación de Jimena por las tropas franquistas,  emprendieron una huida, una juía, que duraría años. Medio pueblo hizo lo mismo. Con apenas lo  puesto, pero unidos, y estando Milagros embarazada caminaron hasta Estepona a casa de unos familiares. A sus ocho años, Isabel aún se llamaba Pasionaria por la flor del mismo nombre; y su hermano Pedro, Servet, en honor al científico que en el siglo XVI descubrió la circulación sanguínea. A su padre Sebastián, destacado militante de la CNT local, le convencían más estos nombres que abrazaban la tradición libertaria que cualquiera de los del santoral católico. 

Pero pronto tuvieron que abandonar también Estepona y sumergirse en el río de refugiados que se dirigían hacia Málaga. Ya ningún otro pueblo o ciudad eran seguras. Cerca de Fuengirola, en el faro de Calaburras, Milagros dio a luz y vino a este mundo Alberto, al que pusieron el bello nombre de Liberto.

Y llegaron a la Málaga asediada por el fascismo internacional, pues fue gracias a la ayuda militar de los italianos de Mussolini y los alemanes de Hitler por lo que cayó esta ciudad en la primera semana de febrero de 1937. De nuevo al camino, a la juía, a recorrer más de 200 kilómetros por la carretera de la muerte hasta llegar a Almería, alimentándose apenas con cañas de azúcar mientras miles de civiles caían bajo las bombas asesinas.

De Almería pasaron a Alicante, donde pudieron alojarse en casa de Doña Pura, que había sido maestra en Jimena. Fueron meses de tranquilidad, disfrutaban de la ciudad, Pasionaria aprendía a leer y a escribir, hasta que ¿adivinan? apareció la aviación franquista bombardeando a la población civil indefensa. El siguiente destino fue Serra de Daró en la provincia de Gerona, donde se reencontraron con el padre, que iba y venía del frente y donde nació el cuarto miembro de la familia. Recibió el nombre de Fermín, como homenaje a un hermano de Sebastián que había muerto en febrero de 1938 luchando en la batalla de Teruel.

En enero de 1939 cayó Cataluña, y nuestra familia se vio forzada a cruzar a Francia en el mayor éxodo de nuestra historia. Esto supuso la separación definitiva, ya que Sebastián fue internado en el campo de concentración de Saint Cyprien y más tarde forzado a trabajar en las compañías de trabajadores extranjeros. A los pocos meses Milagros y sus hijos fueron expulsados y regresaron a una Jimena que ya no les pertenecía. Los vencedores de la guerra les arrebataron su casa y hasta les robaron sus nombres. El nacionalcatolicismo no podía permitir que sus súbditos no tuvieran nombres como Dios manda.

Queda para la historia aquella emotiva carta de Pasionaria a su padre, pidiéndole sintonizar Radio Andorra para escuchar juntos, en la distancia, la canción de "El emigrante" de Juanito Valderrama. Sebastián falleció en el exilio en 1951, de cansancio pero sobre todo de pena. Como muchas mujeres, Milagros se echó a las espaldas la vida y las adversidades y se hizo recovera para poder alimentar y sacar adelante a su familia con los productos que traía de La Línea y Gibraltar. 

Pasionaria, que aún era una niña pese a que la realidad le obligara a ser ya una mujer adulta, la ayudaba en los recados.

Esta es la historia de una familia y de unos nombres que resuenan hoy más libres que nunca en Jimena de la Frontera.

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Fermín Benítez León, hijo de Pasionaria con el cómic sobre la historia de su madre.

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